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¿Cuál es el sistema de calefacción con más riesgos?


 

Llega el invierno y las calefacciones comienzan a funcionar. A continuación vamos a hacer un repaso de los sistemas de calefacción en función de la seguridad que cada uno presenta:

En el caso de las nuevas construcciones, lo habitual y la tendencia actual es que las casas cuenten con calderas de gas natural. Es un sistema cómodo, no muy contaminante y de los más seguros.

En los edificios más antiguos, vemos que las calderas suelen funcionar con gasóleo, un combustible que es más contaminante.

Una opción incipiente, económica y sostenible con el medio ambiente es emplear biomasa o pellets, pero todavía no está muy extendido.  Este tipo de sistemas son seguros siempre que cuenten  con las certificaciones de regulación españolas y se tengan en cuenta una serie de aspectos específicos, como por ejemplo que el cristal de la delantera de las chimeneas de pellets no se puede tocar por las altas temperaturas que coge.

Por el contrario, existen fuentes de tipo eléctrico. Son los acumuladores y las estufas eléctricas (acumuladores, estufas, hilo radiante…)

Las estufas de butano son los sistemas que más riesgos conllevan. El motivo es que si la combustión no se produce correctamente, se genera monóxido de carbono. Este gas puede llegar a ser letal, y su peligro radica especialmente en que es difícil de identificar en el caso en el que se produzca un fallo.  No tiene un olor característico, y el usuario solamente percibirá un ligero dolor de cabeza.  Por ello, se recomienda que en vez de estufas de butano se utilicen las eléctricas. Resultan algo más caras, pero sin duda son más seguras.

Entre los sistemas de calefacción que no son tan usuales, se recomienda la bomba de calor. Es más eficiente que una estufa eléctrica, aunque requieren de una inversión inicial más elevada.

Los acumuladores eléctricos y el suelo radiante también funcionan bastante bien y su riesgo es mínimo.

Entre toda la variedad existente, lo más común es encontrar calderas de gas individuales. Es un sistema muy seguro, siempre y cuando se realicen las revisiones correspondientes. Si se produjese algún tipo de fuga, el olor lo delataría al momento.

En caso de que hubiera algún tipo de fuga, el usuario se podría dar cuenta por el olor característico del gas. En este caso, lo primero que hay que hacer es abrir las ventanas, apagar la calefacción y cerrar el gas. Es muy importante también no encender ningún interruptor para evitar una explosión. Una vez eliminados los riesgos, hay que llamar al técnico para que compruebe la instalación y proceda con los arreglos correspondientes.

 
 
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